Opinión

Asfaltos KFC: la promesa que se le desgrana a Granda

Prometió terminar con los contratistas de siempre y las estructuras de corrupción. Hoy, el discurso de André Granda choca con su propio expediente.

Un ciudadano muestra con el dedo cómo el asfalto recién colocado se desgrana en una vía de Pastaza — Asfaltos KFC, Karol por Pastaza

Hay una frase que André Granda repitió hasta el cansancio cuando era candidato: que en Pastaza mandaban siempre los mismos. Que un pequeño grupo de contratistas y familias se había enriquecido durante dos décadas. Que él venía a romper ese "modelo clientelar con estructuras de corrupción". Lo dijo en campaña, y lo repitió el día de su posesión, mirando a la cara a proveedores y funcionarios.

Entre sus banderas había una muy concreta y muy pastaza: los famosos "asfaltos KFC". Así, crocantes. Ese pavimento que se desgrana apenas lo pisa el primer camión, que en la provincia ya había sido denunciado años atrás contra la administración de Jaime Guevara. Granda supo leer el hartazgo de la gente con las carreteras que se deshacen y prometió lo contrario: obra de verdad, proveedores nuevos, cuentas claras.

El relato era redondo. El joven que venía a limpiar la casa.

¿Y después?

Después vino el poder, que es donde los discursos se miden de verdad.

  • El mismo candidato que hizo de la honestidad su marca terminó sancionado por el Tribunal Contencioso Electoral por una infracción electoral. Tuvo que ofrecer disculpas y pagar una multa. El abanderado contra "los vivos" infringió las reglas del juego que decía venir a defender.
  • Su patrimonio también despertó preguntas en la prensa nacional —preguntas que él se apuró en contestar, pero que se hicieron.
  • Y queda la pregunta que nadie en la Prefectura quiere responder con documentos: ¿de verdad desaparecieron los "contratistas de siempre" y los asfaltos crocantes? ¿O solo cambiaron de apellido político?

La nariz que crece

A Pinocho le crecía la nariz cada vez que mentía. Si midiéramos la de cierta autoridad provincial por la distancia entre lo que prometió y lo que hoy enfrenta, ya no le cabría en el despacho.

No se trata de exigir perfección. Se trata de recordar una cosa simple: quien llegó prometiendo barrer la corrupción es, más que nadie, el obligado a rendir cuentas con papeles, no con discursos. Los contratos de asfaltado de esta administración, las planillas, los nombres de los adjudicatarios: todo eso es público. Pastaza tiene derecho a revisarlo, uno por uno.

Porque si el asfalto vuelve a ser crocante, el cuento del héroe anticorrupción se cae solito. Y la nariz, otra vez, crece.

Lo que viene

En las próximas semanas vamos a revisar, contrato por contrato, quién está pavimentando Pastaza hoy y con qué resultados. Si todo está en orden, lo diremos con gusto. Si no lo está, también.

Esto no es contra una persona: es a favor de una provincia que ya se cansó de que le vendan humo. O carreteras de verdad, o que al menos no nos cuenten cuentos.

Pastaza merece la verdad. Toda.

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